Sección Sindical PDM-Siero
Queridas hermanas, amigas, compañeras…
No tenemos claro en qué nos beneficia el día del calendario que la ONU nos dedica, pero lo que sí sabemos que el 8 de marzo es una ocasión tan buena como cualquier otra para hacer algunas consideraciones acerca de la igualdad que todavía se nos niega y de la violencia de la que todavía somos objeto.
Solo en algunos países del mundo las personas hemos conseguido la igualdad de nuestros derechos civiles y políticos. En muchos otros la subordinación legal de un género sobre otro, desgraciadamente, es la tónica dominante.
Solo en unos pocos países del mundo las personas hemos conseguido acceder al trabajo en condiciones de igualdad de género y recibimos un salario equivalente por el mismo trabajo realizado, consiguiendo así la misma independencia económica.
Y finalmente, solo en un contadísimo número de países del mundo las personas hemos conseguido zafarnos de las desigualdades sociales, culturales y educativas que desde la misma infancia nos condicionan a adoptar roles de identidad de género específicos.
No obstante, en todos, en todos los países del mundo las personas seguimos ejerciendo la violencia sobre aquellas otras personas que por la razón que sea (género, etnia, debilidad física, necesidad económica, posición social, etcétera) juzgamos susceptibles de ser sojuzgadas, explotadas, reprimidas y, en muchos casos, muertas.
Queridas hermanas, amigas, compañeras…
Ignoramos cuándo hallaremos la salida del oscuro túnel que describimos, pero lo que sí sabemos es que para alcanzar esa salida; para superar la inmensidad de desigualdades e injusticias que todos los seres humanos padecemos, los géneros ¡las personas todas! debemos trabajar unidas. Lo contrario nos aboca simplemente a la ineficacia, a la impotencia, al conflicto y, en último extremo, a la larga, a la autodestrucción colectiva.
He aquí algunos ítems sobre los que, en un día como hoy, nos conviene ponderar:
- el amor no consiste en supeditar el sentido de la propia vida al de otras personas (cónyuge, prole, familia). No, no consiste en eso.
- la igualdad entre géneros no requiere que un género se esfuerce en equipararse al otro en todos los aspectos de la existencia, ya que algunos aspectos de la existencia degradan la dignidad humana y atentan contra la propia libertad.
- los cuerpos de las personas son suyos. En ningún caso los cuerpos de las personas pueden ser reducidos a objeto de placer ajeno, y menos utilizados exclusivamente para la procreación o el cuidado de la progenie.
- las personas no son ni pueden ser responsables de las conductas de otras. La apariencia, los gestos, la actitud o la indumentaria de una determinada persona en ningún caso justifican que otra desarrolle conductas de acoso sobre la primera.
- los violadores nocturnos son escasos. Lo más frecuente es que las conductas de acoso y agresión sexual las lleven a cabo personas cercanas a la víctima: personas de su propia familia o de su mismo entorno laboral o social.
- el hecho de que las personas tengamos que vender nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir, en ningún caso nos cosifica. Todos los seres vivos cuentan con derechos inherentes e inalienables debido a su mera presencia en el mundo. El sexo no es ni puede ser un recurso monetizable
- argumentar que la prostitución es “un trabajo como otro cualquiera” es una falacia inadmisible. La inmensa mayoría de las personas que se prostituyen lo hacen por necesidad, y no por libre elección, y de hecho la prostitución (o sea, la trata de carne humana) es un sector económico fundamental en el proceso de acumulación del capital similar al tráfico de armas o de drogas.
- lo mismo se puede decir de la maternidad subrogada: vientres pobres (normalmente de países menos desarrollados económicamente) que se «avienen» a alumbrar los hijos de personas ricas y bien comidas de la parte más favorecida del mundo.
- el “machismo benevolente» no es feminismo. Tratar a una persona de género femenino como si fuera una damisela en apuros –mientras la de género masculino ejerce de galante caballero– no es más que una forma amable de remarcar subrepticiamente la supuesta superioridad de unas personas sobre otras.
- el supremacismo, de hecho, no consiste sino en establecer diferencias entre las personas apelando a cualquier excusa: su género, clase, etnia, edad, origen o condición. Cuando la realidad es que todas las personas que han existido, existen y existirán, en su infinita diversidad, son únicas a la par que intrínsecamente iguales.
- el lenguaje inclusivo es importante porque aquello de lo que no se habla, simplemente no existe. La visibilidad de género debe implantarse definitivamente y de una vez por todas en el lenguaje coloquial…
Por eso añadiremos (y que todos/as los/as que nos lean nos excusen si nos ponemos doctrinarias), que el feminismo, el ecologismo, el pacifismo, el antirracismo… y todos los “ismos” que deseemos añadir a la lista, son solo remedios parciales a los síntomas de una grave enfermedad -para el planeta y para todos los seres vivos- que convencionalmente podemos denominar Capitalismo.
El origen de todas las desigualdades y servidumbres entre los seres humanos es el Capitalismo, y sobre todo el Estado, el instrumento del que se valen quienes detentan el poder para adoctrinar nuestras mentes y someter nuestras voluntades. Normalmente, haciéndonos asimilar la felicidad a la consecución siempre renovada y siempre inacabada de nuestros deseos (apuntalando con ello la triada consumismo-productividad-crecimiento continuo), y por supuesto mediante el monopolio de la violencia, que se apela a sí misma “institucional”, pero que en realidad protege una y otra vez la que el más fuerte ejerce sobre el más débil.
Ahí tenéis las leyes laborales, por ejemplo: ¿están hechas para proteger más a los empresarios o por el contrario a los trabajadores?
La respuesta puede orientaros para entender mejor este Día-homenaje.
